
Si yo fuese una gata
de angora o siamesa
a nadie sorprendería
que corriera a tus piernas maullando
y junto a ti me enroscara.
O que me encaramase a las estanterías
quebrando porcelanas.
Saltaría a tu regazo.
Rascaría contra tu pecho
mi cabeza de felino.
Tal vez pasaras tu mano
por mi arqueado lomo
y acariciases mis ojos
como a muchacha que amases.
Ronronearía en tu entorno
y llevaría al cuello cascabel sonoro
repiqueteando que me amas.